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Semblanza

Crece en el seno de una familia de una comunidad rural de origen náhuatl, en las que el telar de cintura, los bordados y la ardua labor del campo son característicos de la vida cotidiana.

De la contemplación de la majestuosidad de aquellos paisajes montañosos de la sierra de Puebla surge su pasión y el profundo respeto por la naturaleza.

La escasez en la vida de la comunidad rural hace que salir a las ciudades y pueblos ajenos sea necesario para la busca de un mejor porvenir, después de tantos lugares visitados, la comunidad de Guadalupe Ixcotla en el Estado de Tlaxcala, lugar de textileros por tradición;  es en donde decide asentarse y aprender las técnicas tradicionales de los telares de madera heredados de la época Colonial de México, los cuales tuvieron gran auge en esta región centro de la República Mexicana.

Años después  y nuevamente en busca de mejores oportunidades, llega a la Ciudad de México para formar parte del Taller Nacional de Tapiz bajo la dirección del maestro de origen francés Pedro Preux Lernau, en donde aprende la histórica técnica del Tapiz bajo el concepto del textil como arte formal; posteriormente se integra al equipo de intérpretes del taller, realizando obras para grandes maestros de la plástica mexicana.

La experiencia de la interpretación de obras maestras genera en Juan de la Cruz una inquietud por el conocimiento y el aprendizaje técnico de las artes, ya no solo como interprete sino como creador de obra, por lo que a la brevedad se integra a los talleres de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado la “Esmeralda” y el Taller de Grabado de la Academia de San Carlos, en busca de los medios para que sirvan para comunicar y expresar aquellas inquietudes adquiridas.

Las vivencias de la infancia, la majestuosidad de la naturaleza, las técnicas tradicionales y el profundo arraigo a la tierra mexicana toman sentido formando una conjunción que se sirve a través del conocimiento técnico y formal del arte como medio, para dar paso a la expresión y a la visión del mundo de Juan de la Cruz.

El objetivo de su obra tiene un fin: Crear una experiencia y recuerdos imborrables del paisaje mexicano que sirvan para alimentar, sensibilizar y enriquecer el alma del hombre a través del tiempo.

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“El propósito del arte es limpiar el polvo de la vida diaria de nuestra alma". 

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